Explorar San José a través de sus sabores

Comida del mercado central

Arrancamos una nueva sección en Parqueo Público dedicada a explorar San José a través de los ojos de personas que en su día a día conviven con la ciudad, ya sea por trabajo, por que viven allí o simplemente disfrutan mucho lo urbano y saben secretos que pocos conocen.

Cuando pensamos en San José y personas que disfrutarán la ciudad, no pudimos evitar no pensar en Alejandro Regidor dueño de la marca de pastelería Caña Dulce y guía turístico de San José.

«Yo a los turistas les explico la misma historia de San José desde una perspectiva más personal, que entiendan y que formen parte de la ciudad por las dos horas que estén conmigo. Qué sean locales. Busco enseñarles cosas buenas, cosas malas, lo real. A las personas le ha gustado mucho”- Alejandro Regidor.

Estudiar la historia y ser guía fueron decisiones personales, basadas en su curiosidad por aprender y su genuina necesidad de investigar y entender su entorno. «Cada espacio o edificio es como la comida, hay una base histórica, social, cultural que le da peso«, decía Alejandro.

Fue por eso que decidimos que nos mostrara la ciudad a través de este tema que le apasiona: la gastronomía. Recorrer la ciudad con Alejandro fue un viaje por sabores que nos ayudaron a identificarnos con la ciudad. Como la pastelería es su trabajo principal, caminar con él es pensar la ciudad a través de los sentidos. 

Primero, cocina internacional

Nuestro punto de encuentro fue el Parque Morazán y de allí nos movimos hasta el Hotel del Rey, donde diagonal, un local de comida italiana sería nuestra primer parada. 

«Hace unos meses una prima vino acá, me recomendó un lugar de pastas que uno no se espera que existe en el centro de San José” decía Alejandro. Donde el secreto de este lugar  es pedir siempre pasta fresca. 

comida italiana San José

Don Mario Vertoni, dueño, nos recibía de una forma amable. «Soy del centro de Italia, cerca de Roma. Vivo en Centroamérica hace más de 30 años» con esta frase se introducía. Su negocio principal es importación de productos alimenticios italianos (pasta, vinos, aceites) y su restaurante es su forma de acercar a los costarricenses a la verdadera gastronomía italiana.

«Hacemos los platos como se comen en Italia» – Don Mario.

La pizza y la pasta son los platos más buscados, pero de los dos, el recomendado por  Alejandro es la pasta porque es hecha en el momento, algo no tan común en el país, donde normalmente no se come como en Italia. 

Dentro de las pizzas las personas pueden pedir las clásicas que se consumen en el viejo continente, la Cuatro Estaciones y la Margarita

Sus precios son accesibles y más baratos que en cualquier otro restaurante de cocina internacional italiana.

Luego de terminar una amena conversación con Don Mario nuestro camino siguió e hicimos una pequeña parada en el Teatro Nacional, una estructura que fue gigante para su época y un recuerdo de una identidad costarricense que quería ser europea. 

Alejandro nos comentaba datos curiosos como que en la celebración del Centenario de Independencia se hizo comida francesa, esto en el Hotel Metrópoli, que resaltaba esa necesidad de no sentirse costarricense. Esta información y otros datos son gracias a su conocimiento de la gastronomía de después de la colonia, que aprendió en libros como Al Calor del Fogón, de Marjorie Ross.

De camino al Mercado nos hablaba de la tendencia de cubrir fachadas de edificios viejos durante los años 70, 80 e incluso 90s, para darle la bienvenida a nuevas tendencias de la arquitectura y modernizarnos. Así es como edificios como el de Pizza Hut de Avenida Central posee una fachada no antigua por fuera pero sí unas escaleras al segundo piso que nos ubican en otra San José de una época más antigua.

Buscando sabores de casa

El Mercado Costa Rica

«En el Mercado se puede comprar de todo, pero hay que saber dónde comprar«, iniciaba  Alejandro con nuestra llegada mercado.

A él le gusta mostrarle a los turistas donde comprar tortillas recién hechas, algo no tan común en San José ni en Costa Rica, cosa que sí sucede en el resto de países de Centroamérica. También en sus recorridos destaca la cultura del arroz que se vive aquí y visitan la Soda Tala. 

Nuestro paso fue rápido, pero él recomienda sentarse a comer en la parte de restaurante de Soda Tala, es toda una experiencia que hay que vivir en vivo en un lugar que casi siempre pasa lleno de gente. También está la parte donde cocinan para llevar, que puede ser útil por si no hay tiempo para sentarse con tranquilidad. 

Mercado Central

Destacamos su rótulo “Podés traer tus propios recipientes”.

Ale Regidor

Nuestro camino continuó hasta el Tramo San Rafael No.2, un paraíso de ingredientes para vegetarianos, veganos, personas con diabetes o celíacos. Aquí se puede conseguir desde harina sin gluten hasta leches vegetales (almendras, coco, soja). Además, un dato curioso es que este tramo es el único lugar donde se pueden conseguir chiles mexicanos.

El recorrido luego nos llevó al tramo del Corazón de Jesús, también conocido como el tramito, por su pequeño tamaño. Aquí abundan frutas y granos. Alejandro los toma con las manos y los siente, a él le gusta que las personas sientan las texturas, que conozcan cómo luce una semilla de cacao antes de convertirse en chocolate o como se ve el maíz antes de convertirse en infinidad de productos que llegan a las mesas.

El Tramito

Nos comenta de la desconexión que existe entre las personas y la cocina y cómo el Mercado ayuda a volver a esa raíces de la cocina como un ritual, donde las personas disfrutan y conocen los procesos detrás de cada alimento.

Seguimos caminando hasta encontrarnos en los tramos de las pescaderías, más olores afloraron, y se nota que es la hora de almorzar. Al levantar la mirada vemos el rótulo de nuestro siguiente punto, se trata de Isla del Coco, una pescadería y restaurante de comida del mar. Una barra con bancos marca donde inicia el restaurante y Alejandro pide dos muestras de ceviche, uno de corvina y uno de pulpo. Destaca la alegre atención de los colaboradores del tramo y la calidad del producto, así como los precios accesibles. Probamos el de pulpo y estamos esperando volver para pedirlo de nuevo.

Alejandro pregunta por Don José Antonio Gutiérrez, dueño del tramo y nos indican que está en otro de sus tramos. Al encontrarlo nos saluda con mucha alegría y nos cuenta un poco de la historia de su familia, la familia Retana, que desde 1942 hizo del Mercado su hogar. Él actualmente es de la cuarta generación que trabaja aquí. 

Ya es hora de que salgamos del Mercado, pero no lo haríamos sin antes pasar a la Heladería de Lolo Mora, por un famoso helado de sorbetera. Como un ritual Alejandro saluda a Checho y este saca los ingredientes del helado. Alejandro nos pone a adivinar los siguientes y no adivinamos ni uno. Comprobamos su teoría de la desconexión con los alimentos. Luego nos cuenta cuál es cada uno y los nombra: Vainilla, nuez moscada y pimienta de Jamaica, los ingredientes que hacen posible la magia.

Helados de sorbetera

Luego Checho nos dice que la gente tiene un refrán cuando viene al Mercado: “Venir al Mercado y no comerse un helado, es como no haber venido al Mercado”.

Este local lo visitan personas de todo el país y turistas de todo el mundo. Se sienten orgullosos de su producto y de que muchas generaciones de familias le tengan tanto cariño al helado. Una señora sentada cerca nuestro comentó que su mamá la traía y que ella ahora con 71 años trae a su nieta. “Hay un hombre que viene cada tres meses desde Punta Burica aquí por el helado” decía Checho mientras alistaba pedidos.

Al fondo, en la caja registradora, estaba Don Álvaro, hijo de tercera generación que con mucha pasión sigue la tradición de su familia. De lejos nos sonríe y sigue concentrado en su trabajo.

Por más que quisiéramos habernos quedado en el Mercado era hora de pasar a nuestro último punto, ubicado a unas cuantas cuadras. 

El café es un ritual

Un antiguo edificio Art Nouveau es casa de una cafetería de especialidad que no puede faltar en los recorridos guiados de Alejandro. Se trata de La Mancha ubicada dentro del emblemático Edificio Steinvorth. 

«Aquí no solo tomás café, tomás café con nombre y apellido de un productor costarricense»- Alejandro.

Recalca la interacción tan natural que se da en la cafetería, personas desconocidas que hablan entre ellas. “Llego aquí y no me siento solo”, agrega. 

Nos cuenta que la cafetería posee una cultura del café muy única, es un espacio para aprender e informarse. Sus baristas más que servir solo café hacen un ritual en cada taza, y es un ritual que están dispuestos a explicar y compartir con quien desee aprender. 

Nuestro día cerró en este edificio tan único de la capital, entendiendo que San José es una ciudad para disfrutar con calma, caminando. Que los mejores lugares no dependen de la decoración más bonita ni lujosa, sino más bien de una increíble atención al cliente y un producto fresco y local. 

Agradezco a Alejandro por su tiempo y la dedicación que le pone a trabajo. 

Tags:

  • Show Comments (0)

Your email address will not be published. Required fields are marked *

comment *

  • name *

  • email *

  • website *

You May Also Like

Zapatos hechos a medida en el sur de San José

En Av.8  entre Calle Central – Calle 2, o mejor dicho, a dos cuadras ...

Festival shnit regresa este próximo 17 de octubre al Cine Magaly

La noche del pasado miércoles 3 de octubre se realizó la presentación oficial del ...

Lugares para practicar yoga en San José

Mantener el cuerpo en movimiento es necesario para la buena salud. La práctica del ...

CAPRA: En lo sencillo se esconde la magia

Aquella persona que haya dicho que la comida vegana no sabe bien o no ...

Proyecto Biodiver_City entre Alemania y Costa Rica busca devolver el verde al GAM

¿Sabías que el Gran Área Metropolitana (GAM) es 4% del territorio nacional, pero acoge ...