Destroyer: Nuevas miradas a la devastación | Por Alonso Aguilar

Destroyer

Existe una ironía punzante a la hora de hablar de cine de género. El término hace referencia a aquellas películas que se enmarcan de cierta manera dentro del lenguaje y las convenciones narrativas, estéticas y temáticas de una tradición como lo puede ser el horror, el western o la ciencia ficción (por nombrar algunos), pero la diversidad acaba dentro de estas subcategorías, ya que, si entendemos el género desde lo social, todos estos elementos han sido construidos por y para una perspectiva masculina. Esto es cierto para el séptimo arte en general, pero por basarse en cánones establecidos y apelar a nichos específicos, las películas de género parecen tener más barreras de lo usual.

A pesar de esta coyuntura, existen voces que luchan a contracorriente y logran destacar, y una de las que más se ha comprometido con ello en la última década ha sido la directora estadounidense Karyn Kusama. Su Jennifer’s Body (2009) es un clásico de culto contemporáneo, mientras que The Invitation (2015) se convirtió en uno de los filmes de horror más aclamados de los últimos años. Con Destroyer, ahora la cineasta le da vuelta al género policial de la mano de la actuación más visceral que se le ha visto a Nicole Kidman.

La galardonada actriz encarna a la problemática detective Erin Bell, quien con su carácter tosco y métodos temerarios aliena a todo aquel a su alrededor, tanto en el ámbito laboral como en el personal. La línea entre estos se difumina una vez que la policía de Los Ángeles investiga un caso ligado al pasado de Erin; el catalizador de su estado actual de autodestrucción.

Si esta historia suena familiar, es porque apropia uno de los arquetipos clásicos del film noir : el agente de la ley sin nada que perder. El guión mantiene el alcoholismo y la displicencia usualmente asociados con esta caracterización, pero reemplaza la misoginia con un potente trasfondo emocional amparado en el trauma.

Más que una amenaza criminal, el sentido de urgencia de la narrativa nace de la necesidad de Erin por enmendar su vida a través de este último caso. El argumento, entonces se vuelve un juego con la audiencia en el que los constantes flashbacks revelan progresivamente información que recontextualiza lo que se ve en el presente.

Aquí, la actuación de Kidman destaca no solo por su obvia transformación física y notable trabajo corporal, pero también por el rango emocional que expresa siempre a partir del estoicismo. Como la sobreviviente que es, Erin no deja mostrar rasgo alguno de vulnerabilidad, menos en un mundo tan crudo y desolado como el que construye Destroyer.

A la hora de crear esta atmósfera de nihilismo, la maestría formal de Kusama como directora y la fotografía de Julie Kirkwood se complementan para sumergir a través de ominosos seguimientos de cámara e invasivos primeros planos que exaltan la desolación de Erin ante su entorno. La tensión es constante y también el dolor del personaje, lo que erradica cualquier morbo o catarsis una vez que la brutalidad se hace presente.

Cuando se centra en esta propuesta de lucha y desaliento a través de la perspectiva de la protagonista de Kidman, el filme de Kusama es bastante efectivo. No solo como una deconstrucción del neo-noir envolvente, sino también como una exploración sentida del efecto que tienen en una madre que lo ha perdido todo. Lastimosamente, hacia su resolución el guión pierde su cohesión y se torna excesivamente enfático en su melodrama, el cual rompe con el tratamiento que traía el filme e incorpora simbolismos un tanto vacíos.

Lo mismo sucede con su gran revelación, la cual intriga por unos momentos, pero termina por menoscabar el arco narrativo y reduciendo la trayectoria del personaje.

Cuando Destroyer reluce, lo hace a partir de su compromiso por traer una nueva perspectiva a un género históricamente hipermasculinizado, sin menoscabar su intensidad. Desafortunadamente, los esquemas ya existentes son los que terminan por evitar que la película termina por trascender, aún cuando su esfuerzo e intención tienen un valor incuestionable.

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