Pupila Film Festival: Retina de innovación – Por Alonso Aguilar

La creatividad suele ser descrita como la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos con originalidad. Se trata de una característica que suele estar en alta estima cuando se revisan los requerimientos de un puesto laboral o cuando se elige entre variedad de opciones, pero a la vez es un arma de doble filo en una sociedad mayoritariamente aún regida por estructuras tradicionales.

La posibilidad de salirse del molde es parcial, como si fuera una cuota que debe ser medida y depurada según algún estándar formal. Al menos ese parece ser el pensamiento hegemónico en muchos casos, y esas son justo las barreras que rompen aquellos que realmente innovan.

Pupila Film Festival se dio a la tarea de recopilar cuatro casos en donde la creatividad no tiene miedo a incomodar, y los expuso en el Cine Magaly como referentes de las posibilidades más imaginativas en ámbitos como el diseño, el arte conceptual, la arquitectura y el arte folclórico.

El arranque se dio con Big Time (2017), documental que busca dar una pincelada de la mente del célebre arquitecto danés Bjarke Ingels, una de las figuras contemporáneas más relevantes del área.

El largometraje sigue a Ingels de manera íntima durante un periodo de seis años donde desarrolla varios de sus proyectos más ambiciosos, como lo son el rascacielo W57 y el Two World Trade Center en Manhattan. Las tomas preciosistas de sus obras previas también tienen lugar dentro del filme, y todo seguidor del nórdico o de la arquitectura contemporánea se verá en deleite ante estas y la visibilización de los procesos detrás.

Como filme, la estructura de Big Time es un tanto errática, donde las líneas de tiempo parecen contraponerse arbitrariamente en momentos, y el balance entre la vida personal de Bjarke y su destacada labor profesional solo aparece hacia el final y de manera un tanto forzada. Aún así, existen elementos puntuales que diferencian al documental de cualquier reportaje de servicio, particularmente el uso del recurso de los dibujos de Bjarke, los cuales visualizan su proceso creativo, y un diseño sonoro subjetivo que hace palpable el estrés y los momentos más tensos que vive Ingels.

Para la segunda muestra, el contexto cambió radicalmente, pasando de los grisáceos panoramas norteamericanos y escandinavos al colorido folclor del occidente africano.

En este caso, se trataba de Paa Joe & The Lion (2016), documental británico que explora el fascinante mundo de tradición que son los ataúdes de fantasía de Ghana. El filme sigue al titular Paa Joe, considerado como el maestro de la confección de estas estrafalarias cajas fúnebres, y a su hijo y aprendiz Jacob, quienes durante una residencia artística en Londres deciden elaborar una de sus obras más simbólicas y ambiciosas a la fecha.

El largometraje apropia el misticismo de las costumbres ghanesas con contemplativas secuencias psicódelicas y transiciones surreales, recursos que distinguen del tratamiento más convencional con el que se relata el resto de la historia. Si bien por momentos se siente cierta distancia y exotismo del realizador hacia sus protagonistas, la esencia del filme se expresa en la potente reflexión sobre el amor, la muerte, y el legado desde una perspectiva cultural fresca.

Del legado personal pasamos al legado cultural y social en Pressing On: The Letterpress Film (2017).

En papel, la idea de un documental dedicado a una técnica de impresión evoca la frivolidad de un audiovisual institucional o meramente didáctico, pero el tratamiento del director Andrew P. Quinn es todo lo contrario.

Rebosante en pasión, el filme sirve como una carta de amor a un formato análogo tan anacrónico como relevante, en donde la narración se construye a manera coral desde distintos amantes del letterpress. Este tono poético también se evoca a nivel visual, donde los detalles del proceso y las texturas de estas máquinas polvorientas son retratados con una propuesta estética que sumerge en el sentir de maravilla que narran las voces protagónicas.

Es cierto que por momentos la estructura no logra balancear las historias personales con la gran narrativa de la impresión, pero aún así el documental se mantiene lo suficientemente distintivo y apasionado para hacer vibrante un tema aparentemente estéril.

Be Right Back (2016) también se construye como un testamento a una forma de arte particular, solo que en este caso la rebosante controversia en torno al mito de Maurizio Cattelan engancha por sí sola aún antes de que el documental muestre sus cartas.

El largometraje dirigido por Maura Axelrod se aleja del culto a la personalidad que suelen ser los audiovisuales en torno a una figura artística, y más bien se estructura como una reflexión no solo sobre la figura del irreverente arte conceptual de Cattelan, sino que una apropiación misma de los conceptos y las ideas que evoca la obra del italiano.

La sintonía en visión es tal, que la misma narrativa del filme se construye como cierto tipo de performance donde se guía al espectador a cuestionar no solo al artista y sus ideas, sino también a la misma representación de él dentro del documental, utilizando métodos de engaño tan ingeniosos como frustrantes.

Tan innovador como la propuesta de Cattelan, Be Right Back sintetiza la esencia de lo que proyectó el Pupila Film Festival en cada uno de sus cuatro películas: el arte, más que ser apreciado a la distancia, es algo que se vive en carne propia.

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