Una verdad incómoda en un momento oportuno – Por Alonso Aguilar

A partir de este mes de noviembre, el Cine Magaly empezó a operar con un sistema de 180 paneles solares que proporcionará al histórico inmueble con energía renovable. Para conmemorar la ocasión y denotar su compromiso con la conciencia ambiental, el cine cuenta con Una Verdad Incómoda 2 en cartelera, secuela del documental de 2006 del mismo nombre estelarizado por Al Gore.

En aquel entonces la película dirigida por Davis Guggenheim fue todo un acontecimiento, al convertirse en uno de los documentales más exitosos en cuanto a taquilla, y ser para muchos la primera exposición en temas como el calentamiento global y el movimiento ambientalista.

El valor informativo de lo que estaba visibilizando y las consecuencias inmediatas que tuvo hacen difícil separar a Una Verdad Incómoda de su contexto y de su mensaje, pero como filme la propuesta se limitaba a meramente documentar el seminario de concientización ambiental de Gore diapositiva a diapositiva.

En esta continuación la dirección pasa a las manos de Bonni Cohen y Jon Shenk, quienes desde el primer segundo expanden los recursos cinematográficos de la primera cinta.

El uso de planos panorámicos, el seguimiento a Gore por distintas actividades y las entrevistas intercaladas le dan al discurso un formato de documental más tradicional, y las diapositivas y retórica del exvicepresidente se dejan más bien como un complemento. Lo que sucede es que si bien la presentación es más dinámica, el sentir de urgencia y la novedad de la información se han apaciguado. Realmente no hay intentos de renovar la tesis presentada, y en momentos hasta se replican secuencias enteras vistas en la película del 2006.

La narrativa, por su parte, se enfoca en humanizar al personaje de Gore a través de una caracterización más íntima, pero este intento por momentos desvía el protagonismo hacia la persona y no el mensaje.

Los momentos mejor logrados son el balance que se encuentra en las discusiones del exaspirante presidencial con varios líderes mundiales en torno al acuerdo de París. Las cualidades diplomáticas de Gore se visibilizan, pero más importante aún, se da una mirada al proceso de deliberación de lo que fue un momento histórico para la causa ambiental.

Al considerar que este ya es el segundo filme en presentar esta tesis, y que existen más de 10 años de bibliografía científica, documentales y campañas al respecto, podría cuestionarse la necesidad de que exista Una Verdad Incómoda 2, pero lastimosamente se vive en un contexto donde la negación del cambio climático y la agenda de empresas petroleras ha tomado un protagonismo sin precedente en los círculos políticos estadounidenses.

Probablemente el filme no tenga el impacto de su predecesor y arrastra problemas en la construcción narrativa que van de lo desarticulado a lo melodramático, pero aunque parezca redundante, la realidad geopolítica actual hace que la información que expone no pueda ni deba darse por sentado.

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