Cine nacional en el Shnit 2017 – Por Alonso Aguilar

Desde su primera edición en el país hace ya siete años, el shnit Worldwide Shortfilmfestival ha brindado a San José el privilegio de ser parte del epicentro del mundo fílmico por un fin de semana. Su programación internacional ha expuesto al público costarricense a los productores más aclamados y a las obras más laureadas del formato de cortometraje, consolidándose como un evento imperdible en la agenda del cinéfilo local.

Si bien la cartelera de trabajos de primer nivel es el atractivo principal del shnit, parte esencial de su valía yace en sus secciones locales, donde se exhiben los trabajos que pintan el panorama del audiovisual nacional. Con una sección de competencia (Made In Costa Rica) y una muestra (Sabor Local), el festival trasciende la mera labor de curaduría y se constituye también como un espacio de proyección y diálogo para la variedad de voces emergentes dentro del medio.

En este 2017, el número de cortometrajes costarricenses presentados fue de 24, los cuales durante cuatro días transportaron a través de multitud de realidades y sentimientos, cada uno con su propuesta e identidad propia.

Made In Costa Rica – I (Jueves 19)

La inauguración y los primeros bloques internacionales pusieron la barra alta, pero la noche de jueves no decepcionó con el arranque de la competencia nacional.

La primera selección estuvo compuesta de 8 cortos, en donde existió una recurrencia del tono lírico y la añoranza como eje temático.

Tanto en la animación “Below 0” de Jonathan Gómez e Itai Hagahe como en  “Jabalí” de Xabier Irigibel, se nos lleva al contexto solitario de la labor de un hombre inmerso en la sencillez de la naturaleza. El primero retrata los gélidos paisajes del ártico, con una propuesta visual preciosista y una atmósfera de melancolía que complementa los diarios introspectivos del solitario meteorólogo que protagoniza la historia, generando así una emoción genuina.

Below 0
Below 0
Jabalí
Jabalí

El segundo se sitúa en una latitud totalmente opuesta: el bochornoso bosque lluvioso costarricense. El filme representa con naturalismo la rutina de un campesino ermitaño mediante la cual aprendemos más de él, pues su sentir empieza a denotar una ruptura que lleva hacia lo simbólico y lo expresionista. Ambos tratamientos dentro del corto están bien construidos, pero la transición puede resultar un tanto precipitada.

Por su parte, “No llega ahí la luz” del director ecuatoriano Pável Quevedo y “Ici Dans La Fabrique” de Natalia Solórzano explotan las posibilidades de una locación como elemento central de sus trabajos. En el corto de Quevedo un exminero encuentra su anterior espacio de trabajo como un mar de remembranzas y de nostalgia. Lo vivido de este mundo se hace sentir gracias al destacado trabajo de dirección de arte y fotografía, en donde existe cierto tinte surreal en medio del panorama polvoriento y desolado. El ritmo es letárgico, pero va de la mano con un énfasis en la atmósfera que funciona, al menos parcialmente.

No llega ahí la luz
No llega ahí la luz

En un espacio igual de demacrado, Solórzano encuentra el complemento ideal para las cartas a la familia que recita la narradora.  Las ventanas sucias y las manchadas tablas de madera del suelo hacen inferir sobre el pasado y lo que sucedió, pero las circunstancias ambiguas y las preocupaciones universales que se exponen hacen que el lugar pueda ser cualquiera y que la temporalidad quede en el aire. Se trata del sentimiento no del contexto y funciona por ello.

Ici Dans La Fabrique
Ici Dans La Fabrique

Lo mismo puede decirse de “Nada ni nadie” de la cineasta iraní Roya Eshraghi, quien logra que múltiples elementos narrativos converjan entre sí para una sublime meditación sobre la memoria. Por un lado, distintas tintas forjan texturas que representan la bella prosa del poeta iraní Sohrab Sepehri. Al mismo tiempo, se construye un registro documental de la interacción cotidiana de una anciana cubana (con indicios de pérdida de memoria) y su hija. Además, el trabajo toma una dimensión sumamente personal con la utilización de grabaciones de voz de los familiares de la directora y extractos de sus propios trabajos anteriores. Más allá de sus distintos formatos, todos estos recursos se hilvanan de una manera poética para construir un retrato trascendental sobre la lucha contra la ausencia.

Nada ni nadie
Nada ni nadie

Ese sentir es también parte de “Umbral” de Federico Montero, corto que fue premiado con una mención de honor y premio del público. Su relato explora con naturalismo el limbo en el que se encuentra Leonel, huésped de un asilo de ancianos. Su rutina es monótona y el sentir de la decadencia de su cuerpo es palpable, lo que se ejecuta de forma abrazadora a través de un ritmo pausado con planos largos y estáticos que son rotos con tomas expresionistas y pequeñas viñetas oníricas que llevan a la búsqueda del plano espiritual del protagonista.

Umbral
Umbral

Así como Eshraghi explora su proceso artístico, Alejandro Bonilla hace lo mismo pero con Luis Chaves en la animación “Chaves En La Foto”. El artista visual se sumerge en la mente del aclamado poeta. El carisma de su narración engancha de inmediato y el climax llega cuando el poema que recita es exaltado con las texturas análogas de los trazos y el ritmo hipnótico de la edición, lo que le da una nueva dimensión al usual encanto de la prosa cotidiana del poeta.

Chaves En La Foto
Chaves En La Foto

En similar estilo informalista y presentación lúdica, “Cococo” de Julian Gallese toma una narrativa abstracta y la aprovecha para un dinámico juego formal que engancha, más allá de que fuera la propuesta más disímil de esta sección.

Made In Costa Rica – II (Viernes 20)

Quien sabe si fue una decisión consciente, pero la segunda parte del Made In Costa Rica también tuvo sus propias tendencias. En primer lugar, fue refrescante ver que salvo la irreverente y colorida animación sobre contrastes “Homo Novo” de Luis Fernando Castro y Matthew Wallace, la totalidad de la selección de este día fueron trabajos de directoras e historias íntimas sobre situaciones relacionadas a los distintos momentos de la experiencia como mujer.

Homo Novo
Homo Novo

El bloque inició con uno de los trabajos más anticipados de todo el festival, luego de que ganara el Cinéfondation en Cannes, “Paul est la” de Valentina Maurel. El corto producido en la prestigiosa escuela de arte INSAS en Bruselas es una comedia de humor seco y de drama psicológico. Un conocido llega sin previo aviso al apartamento de una joven, lo que irrumpe su rutina y crea varias situaciones incómodas. La manera de Maurel de tratar la relación entre los personajes juega con la sutileza y lo inferido por cada expresión y pequeña acción, lo que se complementa con una destacada propuesta estética llena de sentimiento, lo que al parecer también enganchó al jurado que premió al filme con su máximo galardón.

Paul est la
Paul est la

Las relaciones fraternales incómodas volvieron a estar presentes en “Bajo la arena” de Natalia Guzmán. El corto cuenta con una osada temática sobre atracción sexual entre hermanos y la tensión que esto genera en el núcleo familiar, lo que se exalta con una construcción formal que favorece la sensualidad. Nunca se cae ni en lo juicioso ni en el morbo, aunque si hay momentos donde las actuaciones se tornan un tanto teatrales y se raya en el melodrama.

Bajo la arena”
Bajo la arena

Los conflictos intrafamiliares también son el eje temático de “Dos Ruedas” de Daniella Víquez, aunque el tratamiento es considerablemente distinto. El enfoque de este corto está en la perspectiva de Cecilia, mujer que es parte de un matrimonio abusivo. Con el paso del tiempo, la atmósfera pesada de su rutina empieza a consumir su motivación y espíritu, esto hasta que su relación con dos niños empieza a ofrecerle una salida. Desde lo visual los planos estáticos, distantes y la coloración fría que se utiliza en la casa contrasta con los detalles y la vibración de las idas a jugar con los niños, exaltando así la catarsis del personaje. Ese es un potente subtexto en un trabajo bien ejecutado.

Dos Ruedas
Dos Ruedas

Esta búsqueda de liberación se denota también en el “coming of age” de “El Despertar de las hormigas” de Antonella Sudasassi y “Elena” de Ayerim Villanueva, aunque se trata de dos momentos y dos propuestas distintas. El corto de Sudasassi es un juego sensorial desde lo formal. Desde el aspecto de radio hasta sus detalles con poca profundidad de fondo, todo se construye como si fuera un retrato de Luciana, la niña protagonista que se siente afligida por las nuevas sensaciones que empieza a experimentar en un viaje familiar. El resultado es una experiencia inmersiva que transmite la vulnerabilidad y la incertidumbre del ser humano universal.

“Elena”, la acreedora de una mención honorífica, de manera similar expone un momento de cambios en la vida, en este caso de una joven adulta reprimida por las condiciones de convivencia de su abuela conservadora. El tratamiento también parte de la perspectiva intimista de la protagonista titular, en donde sus cuestionamientos sobre su sexualidad y su ansiedad social crean momentos efectivos en su sentir, pero ciertos elementos narrativos y aspectos formales en musicalización y edición caen un tanto en lo excesivamente enfático y el melodrama. Aún así, como el resto de los trabajos vistos el viernes, se trata de una historia que no debe dejar de ser contada.

Elena
Elena

Sabor Local – Churchill (Sabado 21)

Como bien expone el nombre, la muestra de Sabor Local se trata de una “degustación” del acontecer audiovisual. Sin los parámetros de la competencia, la sección expone variedad de propuestas de todo formato, tono, textura e intención.

Con un tratamiento minimalista, enfáticos en su naturalismo y con historias arraigadas en idiosincrasias de contextos poco explorados, cortos como “La Veta” de Pablo Flores y “Animal” de André Robert se encuentran en una línea afín a lo expuesto en el Made In Costa Rica. Si bien tanto el thriller minimalista situado en una mina como el desconcertante retrato de un cazador son trabajos interesantes, quizás lo más valioso de la sección son aquellos filmes que claramente apelan a otra intención.

Dentro de ellos se encuentran; por ejemplo, “Coyotes de la misma loma” de Nacho Rodríguez y “Ruega por Nosotros” de Andrés Madrigal. Si bien son distintos en su tono e intención, ambos destacan por mostrar algo no muchas veces visto en este tipo de evento, que es la apropiación del cine de género. El corto de Madrigal es un thriller de crimen excesivo e hiper estilizado que logra que por unos minutos Cartago se sienta con la intensidad de un Los Angeles ochentero. “Coyotes”, por su parte, es una comedia de enredo efectiva y sin rodeos que remite a la Edad Dorada Hollywoodense.

Asimismo, se vieron cortos con una concepción más experimental, aunque con resultados distintos. “Luxes” de Diego Juárez es un estimulante y directo ejercicio de las posibilidades formales del cine no-narrativo, mientras que “Agua” de Jorge y José Morales es una oda a la Nueva Ola Francesa que con su variedad de recursos se queda un tanto corta en sus ambiciones temáticas.

“Bailar” de Tato Quesada y Alejandro Guerrero, “M3tamorphosis” de Claire Sénac, “Trozos de verano” de Yosselyn Sánchez y “Roble Sabana” de Raúl Sandoval completaron el bloque con sus coloridas propuestas que iban desde el musical hasta el diario hecho animación.

Luego de veinticuatro cortos nacionales y tres días de proyecciones es fácil dar por sentado el volumen actual de contenidos audiovisuales que se está generando en el país, pero el crecimiento del medio en estos últimos años es algo que no debe subestimarse y más bien debe tomarse como un reto que motive a todo aquel involucrado. La competencia sana, el diálogo entre colegas y la exposición a otros contextos ajenos del propio son varias de las herramientas que esta emergente industria necesita, por dicha existen espacios como este que se enfocan en brindarlos.

Si lo visto en el shnit es indicación de algo, es que el potencial y la variedad de voces ya está aquí, solo necesita guiarse y pulirse.

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