Reseña | The Beguiled: Mesura en la seducción – Por Alonso Aguilar

TheBeguiled

En este momento de la historia existe una percepción de que ya todo ha sido contado, de que realmente no hay nada que pueda decirse que no se haya dicho antes. Esto es particularmente palpable en el contexto del cine, donde las múltiples secuelas y refritos que cada vez atiborran más las carteleras exaltan el sentir de que la novedad se ha tornado en algo anacrónico.

Lo que pasa es que el problema no yace en la falta de nuevas historias per se, sino en las formas sin inspiración o personalidad de contarlas. Respuesta a esto es The Beguiled, nuevo filme de Sofia Coppola donde la idiosincrásica directora reinterpreta la novela A Painted Devil (1966) de Thomas P. Cullinan con su característica estilización y énfasis en la psiquis femenina.  

The Beguiled

La trama de cómo en media Guerra Civil Estadounidense el Cabo John McBurney es hallado gravemente herido y atendido por las mujeres que habitan un internado femenino en el sur rural ya había sido anteriormente llevada a la pantalla grande en 1971. En aquel entonces el legendario director de cine de género Don Siegel (Dirty Harry, Escape From Alcatraz) contó la historia desde la perspectiva de Clint Eastwood como un McBurney sociópata cuyas intenciones son oscuras. Según sus testimonios, Coppola vio esta adaptación y decidió que sería un ejercicio interesante girar el punto de vista de la historia hacia las mujeres atrapadas en la solitaria mansión y dejadas atrás en la guerra.

Más allá del cambio en el foco de atención, y un par de detalles controversiales de la novela original que se decidieron omitir, esta nueva versión de The Beguiled mantiene esencialmente el mismo énfasis y los mismos acontecimientos. Lo que cambia es el tono.

Donde la adaptación de Siegel veía el potencial de un thriller erótico sórdido y ridículo, la de Coppola le impregna su usual atmósfera de sensualidad, estética exacerbada, y tratamiento sutil.

La fotografía de Philippe Le Sourd (The Grandmaster) y el diseño sonoro son quizás los elementos más interesantes del filme. La primera favorece planos abiertos estáticos donde el exquisito juego con la luz hace que los encuadres perfectamente pudieran confundirse con pinturas impresionistas de Degas o Monet. A lo largo de la duración, Le Sourd aprovecha al máximo la penumbra y la iluminación con velas, lo que funciona tanto a nivel de atmósfera como de verosimilitud (evocando por momentos el magistral trabajo de John Alcott en Barry Lyndon). La segunda apropia los silencios y la falta de música como un elemento más de la ambientación, aprovechando ocasionalmente para exaltar la desolación de las protagonistas con distantes sonidos de tiroteos y cañones.

Visualmente, la experiencia es inolvidable, ya que la propuesta formal de la puesta en escena hace de la mansión un espacio vívido con todos sus ornamentos y ventanas cerradas. Lastimosamente, esta caracterización no se extiende a los personajes.

Las interpretaciones son en su mayor parte adecuadas, pero la distinción entre las inquilinas del internado pasa casi exclusivamente por su diferencia de edad y como esta determina sus intenciones hacia McBurney (Colin Farrell). Alicia (Elle Fanning), la hormonal adolescente tiene pocos rasgos que la identifiquen aparte de eso, y lo mismo pasa con Martha (Nicole Kidman) la recatada institutriz. La única protagonista que se acerca a tener un arco es Edwina (Kirsten Dunst), cuyas ambiciones de escapar le dan una motivación que hace sus interacciones con McBurney más dinámicas y su eventual desolación más sentida.

El tema de la represión y el instinto carnal en las mujeres de este contexto es uno que en papel irradia con posibilidades dramáticas, pero como suele suceder con Coppola, existe un distanciamiento en su forma de narrar que más bien genera un desapego a la hora que se busca generar tensión, y hace que esta se sienta un tanto forzada. El tono contemplativo es un gran ejercicio de atmósfera, pero cuando este realmente no tiene intención de explorar a personajes o situaciones, el resultado cae en la superficialidad.

Donde la directora neoyorquina sí destaca es en su excelente uso de innuendo y miradas para generar secuencias efectivas de comedia negra situacional. Estas están dispersas en el metraje, pero mientras la intensidad y el exceso van in crescendo, estas se vuelven cada vez más bienvenidas y en mejor sintonía con el tono.  

Sí, The Beguiled es una historia que ya hemos visto, pero al menos Sofia Coppola la apropia de una forma que la vuelve indistinguiblemente un filme suyo, con todo lo que esto conlleva. La preferencia entre su acercamiento mesurado y teatral o el vigorizante cine de explotación de Siegel quedará para la discreción de cada espectador, pero al concluir la versión de Coppola queda el sentimiento de que si bien es un filme correcto y bello, quizás al material le hubiera beneficiado más soltura.

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