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El cine de autor es un concepto que ha sido fuertemente discutido a lo largo de la historia del audiovisual. Cuando se menciona, este usualmente remite al estilo característico o a las preocupaciones temáticas recurrentes en la obra de un cineasta, y se suele asociar a los grandes hitos fílmicos de directores de renombre en el cine arte y el cine independiente. Aún así, el cine comercial contemporáneo ha expuesto ciertas visiones particulares a grandes públicos, usualmente de la mano de autores que dan el salto del cine independiente.

Este es el caso de Darren Aronofsky (Black Swan), quien luego de su contenida y magistral The Wrestler (2008) se ha ceñido en enfrentar a audiencias masivas con excesos y representaciones de sufrimiento rara vez presentes en los multicines de un centro comercial. Mother! (2017) es su ejercicio en desenfreno más reciente.

En síntesis, la trama establece una situación cotidiana: La llegada de un hombre desconocido (Ed Harris) a la casa en la que la protagonista (Jennifer Lawrence) vive junto a su pareja, un poeta (Javier Bardem) en medio de una crisis creativa. Sucesos trillados empiezan a ocurrir, y gradualmente el filme se aleja más y más de cualquier fundamento en la realidad.

Es difícil hablar de la narrativa de Mother!, pero no porque sea intrincada o compleja, sino porque rápidamente Aronofsky deja en claro que su intención va por otro lado. Por más confrontativos que sean sus trabajos, esta característica no parte de exploraciones profundas a nivel temático o alusiones a grandes conceptos. Su cine siempre ha sido bastante directo, hasta simplista podría decirse. Su fascinación con la auto-destrucción y la debilidad de la raza humana es una esencialmente estética, y esto no es inherentemente algo negativo.

La forma en que la película expone la degradación progresiva se aleja de las convenciones al enfocarse enteramente en la perspectiva subjetiva del personaje de Lawrence. Los primeros planos son invasivos, las tomas de punto de vista recurrentes y la incidencia del estado de afectación de la protagonista en la representación del espacio raya en lo expresionista. Este último aspecto se vuelve determinante, ya que más que personajes, los actores en Mother! están representando ideas o arquetipos. No hay gran dramatismo o desarrollo ya que su función es meramente guiar a través del libertinaje caótico de Aronofsky (en esto quizás Lawrence se siente un tanto contenida), el cual apela a lo visceral como eje fundamental.

En un sentido, todo material audiovisual tiene una dimensión sensorial, pero el filme enfatiza particularmente el hecho de devolver la experiencia a algo primal, donde las sensaciones rigen sobre lo racional, y en esto el director es tajante. La atmósfera que se crea es totalmente opresiva, escalando en intensidad y abrumando al espectador con representaciones cada vez más despiadadas en torno a una idea directa: La humanidad como un ente corrupto desde su concepción. Sin lugar a duda esto generará rechazo en aquellos quienes encuentran las idiosincrasias del director como redundantes y morbosas, pero su insistencia sofocante tiene el poder de ser una experiencia inmersiva de desorientación, una onerosa montaña rusa de excesos y decadencia que juega con las expectativas desde que pone sus cartas sobre la mesa.

Mucha discusión se ha dado entorno a las interpretaciones alegóricas del filme, pero Aronofsky realmente no es alguien dado para sutilezas. El texto que toma como estructura es una historia tan conocida que cualquier espectador que lo identifique puede adelantarse a la trama, pero cuando ésta es tan incidental, la pregunta pasa de ser “¿Qué va a pasar?” a “¿Cómo va a pasar?”, y la respuesta del realizador viene en mayúsculas, signos de exclamación y un poco de sangre de por medio. No hay una resignificación real de este material, pero su recontextualización en el horror le da frescura.  

Este desapego irónico con que se maneja gran parte del filme da varios momentos destacados de comedia negra, en donde líneas de diálogo parecen concebidas para abiertamente burlarse de la audiencia y de lo inevitable de la resolución, aparte del ya deporsi absurdismo total presente en el tratamiento a lo cine B de explotación .

Mother! es una película ridícula, frustrante y hasta podría decirse que carente en profundidad, pero lo es desde una visión determinada que ejecuta lo que se propone de manera demencial.  El filme es una experiencia imperdible para todo aquel interesado en sumergirse en la excesiva pesadilla febril de un director desatado. Si bien la intención de lo que quiere decir Aronofsky parece clara, la forma particular en la que lo dice hará que las lecturas, interpretaciones y opiniones contrastadas den de qué hablar por un buen rato, y al final de cuentas esa es la belleza de ir al cine.

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