De la mano con la calle: Historias

Se me abrieron los ojos en este último año o dos. Yo antes me limitaba a ayudar con donación de ropa (solo si estaba en buen estado) o darle algo de comer a quien tocará la puerta. Saludaba a la señora del semáforo a la entrada de Alajuela, hasta me sentía mal cuando no podía parar a darle alguito.

He aprendido que muchos nos enfocamos en ayuda material (la cual no deja de ser necesaria), pero hay otro tipo de ayuda mucho más preciada: Compartir. Estoy en el pequeño y selecto grupo de personas que puede decir que ha celebrado el cumpleaños de otros que quizás llevaban años sin celebrarlo. He visto cómo un niño que tiene poco saca unos cuantos confites de la fiesta de la alegría para compartir conmigo. Yandel me dijo la última vez que lo vi que soy su amigo después de pasar jugando con él varias horas, ¡Lo ayudé a subirse por primera vez a un caballo!

Resumiendo, las personas en condiciones vulnerables necesitan mucho, incluyendo un poco de medicina para el alma. Cánteles cumpleaños, lléveles un queque, cante con ellos. Esas memorias no las olvidarán ni usted ni ellos.


Mau, voluntario De la Mano con la Calle.

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