De la mano con la calle: ¡Qué bonito estar limpio!

Hace una semana participé en una ronda de voluntariado. Dichas rondas consisten en crear relaciones horizontales con los indigentes, compartir algo de comer y, lo más importante, escuchar lo que tienen que decir.

En dicha ronda lo conocí sentado cerca de la Plaza de la Cultura, con una mirada desconfiada y un poco perdido. Hicimos contacto visual, hubo una pequeña sonrisa y les comparto su historia:

“Hola, ¿Cómo estás? Mi nombre es … ¿Ya desayunaste?”, muy obvia la respuesta y aunque ya lo hubiese hecho siempre hay espacio para algo más (nunca se sabe cuándo será la próxima comida). Le compartí un sándwich y unas galletas y empezamos hablar.

¡Hola, mi nombre es Esteban!” dijo.

“Gracias por el desayuno y la galleta, tenía mucha hambre, lo que pasa es que no se puede confiar en todas las personas, hay gente buena y hay gente no tan buena”. ¿Gente no tan buena? Me cuestioné, ¿Quién desearía hacerle daño? Luego pensé en las críticas, las miradas despectivas, los comentarios negativos y mi pregunta ya tenía respuesta.

Esteban es de San Ramón, se vino a la capital con su madre y su hermana, tiene 23 años y es producto de una violación. Sí, una violación que sufrió su madre por parte de su padre, hoy abuelo de Esteban, abuelo y papá (¡Abuelo y papá!). Nuestras vidas son tan diferentes, pero en ese momento del relato los dos lloramos. Lloramos porque somos humanos, porque sentimos dolor, porque sabemos qué es bueno y qué es malo. Esteban sabe que es producto de algo que no se llama amor.

Se vinieron a vivir a una zona marginal de la capital, pero las condiciones no eran las adecuadas, por eso el PANI (Patronato Nacional de la Infancia) decidió abordarlo. Su hermana menor de edad fue remitida a un albergue, pero él, por ser mayor de edad, y su madre fueron direccionados a un centro dormitorio. Su madre, no muy convencida de esta situación, volvió a la zona marginal. Esteban había consumido marihuana algún tiempo atrás, por eso no vio mal probar algo nuevo. En dicha situación, separado de su familia, viviendo en una zona no muy grata, teniendo este mismo pasado, ¿Usted qué haría? Esteban una noche decidió consumir crack, la mayoría sabemos que esta droga es la que más fácil provoca adicción psicológica, incluso en aquellos usuarios que la consumen por primera vez, y Esteban no fue la excepción de la regla.

Hace 9 meses Esteban deambula por las calles de la capital, perdido y lleno de vergüenza. Vergüenza de haber perdido una batalla psicológica contra una droga, vergüenza de su pasado y su familia, a la que no desea ver porque no quiere que ellos vean su situación actual.

¡Yo quisiera estar limpio! Así como usted” me dijo Esteban.

Limpio y que la gente no le vea con desprecio, pero no es tan fácil como parece o como se dice, y yo le creo. Yo le creo porque no soy capaz de juzgarlo, no tengo el derecho de hacerlo, hoy solo puedo sentarme con él, escucharlo e invitarlo a desayunar un rico sándwich, porque nuevamente me pregunto: ¿Tenemos el derecho de juzgar solamente porque hoy estamos en una mejor condición de vida? ¡No! Simplemente no.

Esteban, más que comida, abrigo o un lugar donde dormir, desea voluntad. De esa voluntad que lo ayudaría a salir de esto. Es joven, está empezando a vivir y su mayor miedo es morir en la calle en situación de indigencia, pero el crack hoy es más fuerte que ese miedo, hoy va perdiendo la batalla, hoy Esteban está atrapado, hoy necesitaba un amigo, un oído. Yo el domingo pasado fui ese amigo y me llena el alma haberlo hecho, haberlo escuchado me hace sentir… (es indescriptible lo que me hace sentir).

Me despedí de Esteban y le di más galletas, me volvió a ver directo a los ojos y dijo: “Gracias, que lindo fue encontrarlo hoy”. ¡Ay Esteban! Aquí el afortunado soy yo porque hoy le di un verdadero sentido a mi vida, hoy tuve el privilegio de ayudar, hoy hice un amigo sincero.

Espero volver a ver a Esteban, también él sabe que si otro día me ve pasar por San José me puede saludar y podemos desayunar juntos otra vez. Y si de casualidad usted ve a un Esteban en San José, escuche con mucho cuidado qué historia tiene que contar.

De la mano con la calle

Atte. El Voluntario – De la mano con la calle.

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