El sabor del jazz en El Sótano

Sí sabor, porque aparte de la música, su cocina puede transportarnos en el tiempo.

Una cuadra antes del Castillo del Moro, existe todavía una de esas casas antiguas de la época, de cuando vivir en Barrio Amón era un privilegio de la clase alta. Uno de los pocos lugares que ha sobrevivido al tiempo sin convertirse en aburridas oficinas, un bar de dudosa reputación, bodegas de basura u olvidados en la burocracia municipal.

Ha sido protagonista del paso del tiempo en la capital, vio crecer familias, alojó discotecas, galerías de arte y hoy en día es un poco de todo, un espacio multidisciplinario. Es la casa 927, ubicada en barrio Amón, en calle 3 avenida 11. Hablamos del legendario espacio que alberga al bar El Sótano y Amón Solar.

Fotografía: El Sótano
Fotografía: El Sótano

Una de las opciones que ofrece actualmente es la de un restaurante con bastante variedad gastronómica. Durante el almuerzo tiene un variado menú ejecutivo, pero no se limita a un solo plato sino que tienen al menos 4 opciones (escritas en una pizarra de madera a la entrada), inspiradas en la cocina mediterránea, y luego de las 3 de la tarde, varía el menú nuevamente y se pueden elegir entre hamburguesas, sandwiches y similares.

Adentro se podía escuchar un disco de jazz de Charlie Parker, pero no de ningún “mp3” ni mucho menos un “Spotify”, del disco de vinilo en una tornamesa, como debe ser. Las paredes decoradas con cómics de Kalimán y Samurai (todo el cómic), una barra con ese estilo euro-retro-moderno y una variada selección de cervezas nacionales artesanales, lo que nos coloca en un ambiente diferente, variado y artístico.

Fotografía: El Sótano
Fotografía: El Sótano

El menú ejecutivo incluye entrada, plato fuerte y postre. La entrada era una sopa bastante buena, lo que la hacía diferente fue que traía semillas de ajonjolí, algo que nunca había visto en una sopa, al menos hasta hoy. El plato fuerte tampoco se quedaba atrás, una ensalada con pan integral, papa, tomate, quinoa, zucchini, más ajonjolí y humus preparado en dos formas distintas me tuvieron un buen rato deleitando mi paladar y probando algo diferente. No me fue difícil imaginarme en el San José de antaño, aunque la comida no era la típica nacional de la época, de alguna manera la influencia europea de ese tiempo sí lo era, y la mezcla de alguna manera produjo el viaje en el tiempo.

Fotografía: El Sótano
Fotografía: El Sótano

Me puse a pensar cómo sería cuando toda esa zona era transitada por carretas, las familias que vivieron en esas casas, los niños y niñas que pudieron bañarse en el río que está más abajo, cuántas historias, leyendas y chismes se contaron a la luz de una vela, cuántos corazones se rompieron y cuántas parejas se coparon por ahí. La verdad sólo estaba imaginando (y eso es lo bueno de imaginar), porque existe la posibilidad de que nada de esto hubiera sucedido, que esas casa fueran construidas con luz eléctrica desde un inicio y que las familias hubieran sido personas aburridas sin nada que contar. Pero eso no despertaría ninguna nostalgia histórica así que mantengo mis historias iniciales.

Luego de un rato de desvariar, llegó el postre y aquí es donde terminó mi viaje del tiempo, lo único que hubiera deseado traer hubiera sido un sombrero para poder quitármelo ante este postre.

Un clásico y tradicional arroz con leche era el eslabón de la historia que conecta al barrio Amón de antaño con el del presente, pero además de cumplir este papel, cumple otro (que a mi parecer lo mejora) ya que no era el clásico arroz con leche de siempre: era de arroz integral, en leche de almendras y con semillas de cardamomo, y aquí es donde digo “Así es como se deben hacer las cosas”. Además de ser postre, fue un complemento con la comida y actuó el papel que le corresponde.

En otras palabras: que rica entrada – quiero más, que buena hartada – pero todavía no me lleno, el postre me dejó full.

Algo bueno de esta última mezcla es que rescata los valores tradicionales que tanto han estado queriendo rescatar por todo lado, un postre típico. Pero no sólo lo preparan y ya, sino que le dan una nueva identidad, lo modernizan y le ponen su sello personal, en vez de apostar siempre a lo seguro y hacer el postre que todos conocen.

Con esto se terminaron de ganar mi corazón y mi estómago.

Cosas que nunca hago es hablar con los dueños, pero aquí me sentí en la confianza de hacerlo y la verdad fue una experiencia enriquecedora, me invitaron a volver cuando quisiera y a visitarlos de nuevo, pero en la noche, ya que todos los días hay actividades. Destacan sobre todo por sus reconocidos y legendarios invitados internacionales de jazz, blues y diferentes eventos que toman el espacio, que van desde artes escénicas hasta conciertos de música alternativa, rock o punk. Definitivamente es para regresar y quedarse un buen rato.

Fotografía: El Sótano
Fotografía: El Sótano

El ambiente es tranquilo como para hacer algún trabajo, reunirse con alguien para charlar o ir solo y disfrutar del ambiente y una excelente comida.

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