Frente al Teatro Nacional y luego de pasar la entrada del Hotel Costa Rica, hay un centro comercial que abarca gran parte de la cuadra: el edificio Las Arcadas, aquí se puede conseguir desde un traje de sastre a la medida como la reparación de un ruedo, un batido energético, bisutería, artículos de librería y hasta un club de viajes. Incluso se puede usar como atajo si se sabe por donde ir. Si no, se puede quedar atrapado en un círculo infinito comprando trajes y batidos eternamente.

Es aquí donde está el restaurante Casa Creole, un lugar donde se puede saborear un pedacito de Caribe sin salir de San José.

Tiene una decoración normal de restaurante, mesas, sillas, servilleteros, el rótulo de “No se presta el baño, no insista”, las variedades del plato del día en una pizarra y un frasco para propinas. Debo admitir que esto último no es tan común, pero parece que funciona porque tenía su platilla.

En lo personal me gusta mucho el sabor caribeño, es diferente y a la vez guarda cierta tradicionalidad que, si uno prueba distintos lugares, irá reconociendo.

Es de esos lugares donde te dan entrada, plato fuerte y postre. La entrada es la sopita de sustancia que venía de la mano de la ensalada, acompañados por el refresco natural.

Cuando me trajeron mi plato debo admitir que me hubiera gustado andar un sombrero para poder quitármelo frente a esta comida: Una buena porción de bistec (o beef steak) con su cebollita, dos PATACONES que por lo menos se llevaron medio racimo para hacerlos y una porción de rice n’ beans, no muy grande, pero tampoco tacaña, apenas para lo que llaman balancear. La carne bien cocinada y jugosa, ni muy tostada ni tampoco cruda. Los patacones rociados con sal y creo que pimienta, al igual que la ensalada, lo que le daba su sabor particular.

Por una hora pude salir de San José estando aquí, como el lugar está bajo el nivel de la calle bien se puede pretender estar lejos de la ciudad, no se escucha el ruido de carros de la Avenida Segunda, una musiquita de calypso hubiera sido mejor que las noticias del medio día, pero supongo que les gusta mantener informados a los clientes, mismos que llegan y saludan a los de la casa como amigos, así que imagino que son fieles y (como me gusta esta palabra) “recurrentes”.

Definitivamente hay que volver, ya sea solo, en pareja o en grupo. Se come bien, diferente y se desconecta un rato de la ciudad.

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